Existen tres factores que mantienen el caos socio-económico en nuestro país, derivado de la ola invernal, el primero es el climático, por el cual no podemos hacer nada a corto plazo, pero los dos restantes pueden y deben ser solucionados por los colombianos.
Por un lado, el sistema de desarrollo laboral de los funcionarios del estado, hace que las ayudas se pierdan, no lleguen a tiempo, nunca lleguen o no se conozca el destinatario y de otro lado, una sociedad que se está acostumbrando a vivir de las limosnas y de lo que los demás hagan.
Veamos cómo funcionan las jornadas laborales de los trabajadores del estado e entidades encargadas de gestionar y distribuir las ayudas o sea el dinerito de todos los colombianos. El presidente de la república, sus ministros y jefes de departamentos o entidades, disponen que se evalúen las perdidas, los damnificados; se cuantifiquen las necesidades de inversión, se generen los planes de desarrollo y se destinen los recursos. Estas actividades quedan a cargo de los gobernadores y directores de las entidades a nivel regional.
Continuando con la cadena, los gobernadores y directores de entidades hacen el mismo ordenamiento y la pelota ahora está en manos de los alcaldes, comités locales de emergencia y además en este nivel ya ingresan las licitaciones para cuantificar daños y ofrecer los productos que el gobierno comprará.
Los alcaldes designan a sus secretarios de despacho para que cuantifiquen los daños, determinen el número de familias damnificadas, las necesidades básicas y los cursos de acción a seguir. Hasta aquí todo parece ir excelente, pues al fin y al cabo se han delegado las actividades. Sin embargo, miremos como se hace el trabajo a este nivel.
Los secretarios delegan a… (no hay niveles inferiores para delegar) ah¡ pero cuentan con los presidentes de junta de acción comunal, ellos son designados para recolectar la información. Los presidentes e inspectores, hacen su trabajo y reportan los damnificados de la siguiente manera:
1. Familiares o amigos aunque no hayan sido damnificados
2. Los realmente damnificados que son más “vivos” ellos inflan las cifras a su favor
3. Los realmente damnificados, pero los más probable es que estos últimos no sean reportados y sus daños cuantificados, porque seguramente por estar realmente atendiendo su calamidad, no le queda tiempo para moverse a hacer las gestiones.
4. Aquí aparece un nuevo sector damnificado, no sé cómo, pero sucede, los gremios. Los ganaderos por ejemplo, reportan miles de cabeza de ganado perdido así supere la cifra de producción (los ganaderos del Cesar para el mes de noviembre estaban reportando 400 mil cabezas de ganado perdidas, cuando el Departamento solo produce 1.5 millones anuales, o sea se perdió todo según ellos).
En fin, esta es la verificación que hacen los funcionarios encargados de estas labores, o sea lo que he llamado verificación de oficina, esperar que les lleven los datos.
Esta es la misma cadena que siguen las ayudas que son desembolsadas por el gobierno nacional, con una simple diferencia. Cuando las ayudas son entregadas, los funcionarios de cada uno de estos niveles, justifican “gastos” generados en la labor de “verificación” de información sobre los damnificados y como en esta cadena ya se encuentran los “vivos” que licitaron para entregar las ayudas, entonces los precios se inflan.
Además a la hora de licitar las ayudas, los comerciantes encargados incluyen lo que se les antoja, jabón de mano y toallas de mano, cuando en realidad el pobre damnificado se seca con el limpión del fogón o con hojas de sus cultivos, escobas y traperos para limpiar los potreros, la lista de inútiles es tan extensa que lo único importante aquí es decir que los adjudicatarios sacan sus viejos artículos.
Pero en conclusión, todas estas cotizaciones inflan de una manera alarmante las cifras, que el gobierno central pone un límite a las ayudas, entonces, aquí podemos deducir quienes son los damnificados beneficiarios, pero le aseguró que no son realmente los pobres que tienen que vivir en las invasiones, o las orillas de los ríos, ni los pequeños productores agrícolas.
Pero aquí viene el segundo factor; la sociedad más acostumbrada, la sociedad que actúa como los pájaros en su nido, esperando que les lleven las ayudas que seguramente nunca van a llegar por lo que ha se ha dicho.
Hagamos un paralelo entre lo que fue la reconstrucción en chile o el avance en Japón y como se desarrolla en Colombia.
Por ejemplo en chile, la gente no se quedó esperando a que el gobierno fuera a reconstruirles sus casas, ellos mediante la unión de núcleos familiares o comunales, reconstruyeron lo que era de ellos, así rápidamente el país se recuperó y comienza a crecer nuevamente.
En Japón por ejemplo, los funcionarios del estado y voluntarios, trabajaron durante las 24 horas del día con poco descanso y en menos de 6 días, ya habían reconstruido 320 kilómetros de vías. Ellos no reclamaron sobrecarga laboral, ni pago de horas extras, ni exigieron mejoras salariales; la única convicción que los impulsó a trabajar arduamente, era saber que por esas vías que estaban reconstruyendo, serían transportadas las ayudas a sectores devastados.
En Colombia, los damnificados del Atlántico por ejemplo, aún siguen esperando que el gobierno vaya a sacarles el agua de su pueblo, a limpiarles las calles y hacerles aseo en sus viviendas. Muchos tramos viales, aun continúan sin reparar, bueno la limpieza ya la hizo la misma lluvia del presente invierno.
La pregunta es ¿Cuándo van a comenzar a reconstruir si las ayudas nunca van a llegar o lo harán a medias?, ¿estarán esperando que vengan chilenos o japoneses a reconstruir sus hogares?, ¿será que podemos ser optimistas y decir que algún día llegan ayudas?, ¿Qué va a pasar con la platica de los colombianos?.
Bueno interrogantes sobran, pero como esa no es la idea y es aún más importante proponer soluciones para reconstruir nuestro país y buscar el desarrolló, la próxima edición la dedicaré a formular este tipo de estrategias, que aunque no sea la más efectiva, quizá influya en la mente de nuestra sociedad en pro del bien común.


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