De victimarios a victimas

Hoy se elogia al congreso de la república por haber aprobado la ley de víctimas, igualmente yo aplaudo ese reto. Sin embargo, el principal reto viene ahora cuando el estado colombiano y la sociedad, estamos en la obligación de reglamentar la aplicación de esa ley.

Es un gran reto, porque ahora será casi imposible saber quiénes son víctimas reales y quienes pasaron de victimarios a víctimas, pues las zonas donde se presentaron las masacres, primero tuvieron una hegemonía de dineros ilícitos que victimizaron al país. Muchas víctimas del palacio de justicia, primero victimizaron al país con sus actuaciones, por omisión o por acción, enfin, detras de cada victima existe una historia.

Cuando era un niño y me comenzaban a enseñar los conceptos de sociedad, estado, política y violencia, recuerdo que me fue muy difícil entenderlo, pues en el municipio donde nací y crecí (Charalá, Santander), todos trabajaban en equipo y propendían por el bienestar mutuo; entonces no entendía como era que la política movía a las personas hacia determinada acción y mucho menos entendía el tema de violencia, pues inclusive cuando mis padres me castigaban, lo entendía como una corrección.

Pero poco a poco, fui escuchando que existían zonas donde había mucha guerrilla, que eran muy violentos como en Barrancabermeja por ejemplo, pero lo más interesante era saber que las personas apoyaban a esa organización, porque les proveían algunos beneficios. Recuerdo como don Pedro Díaz Quintero, un señor que vivía en Barrancabermeja, contaba alegremente, la forma como había ayudado a que la guerrilla matara militares y Policías. Pero aún era muy temprano para mi entender la diferencia entre militares y guerrilleros.

El contaba como la guerrilla recibía el apoyo de los pobladores para “poner orden” en la ciudad “matan a los maridos que les pegan a las mujeres, a los ladrones los matan delante de los demás para que cojan escarmiento, a las siete de la noche todo mundo debe estar durmiendo o si no lo matan” contaba don Pedro.

Años después volvió don Pedro, en calidad de desplazado y huyendo de la violencia, hoy, él junto a su familia, están a la espera de reclamar una indemnización del estado, por ser “víctimas del conflicto armado”. Y seguramente serán indemnizados con el dinero que aportan las familias de los soldados que él y su familia ayudaron a matar, al colaborarle a la guerrilla.

Pero lo más curioso sobre las víctimas de las masacres y los desplazamientos, es que vivían en zonas donde durante mucho tiempo victimizaron a la sociedad colombiana, a través de la producción de coca, la evasión de impuestos por concepto de contrabando y otras conductas, que sirvieron de combustible para que se alimentaran los grupos que años después volvieron a quitarles lo que consiguieron por estos medios y de paso, les arrebataron a seres queridos y sus propias tierras ancestrales.

No recuerdo que en Charalá ocurrieran masacres, los únicos muertos que se escuchaban eran los mayores de 90 años, que decidieron no esperar los desmanes de la sociedad. Hoy tampoco se habla de las víctimas de la violencia colectivas como en otras regiones. Posiblemente es porque allá nunca pudo ingresar la guerrilla, en varios intentos fueron señalados por la población y debieron refugiarse en otros municipios, cuando llegaron las autodefensas, las personas tampoco los apoyaron y debieron irse a otras regiones.

Recuerdo que en el sur de Bolívar, municipios como San Pablo, Santa Rosa, Simití y Cantagallo, existía un lugar que lo llamaban el “mercado”, allí la base de coca se comercializaba como la yuca, el plátano o la carne, pero toda era comprada. Los campesinos luego de vender su producido, se emborrachaban, se gastaban el dinero con prostitutas, exhibían sus armas personales y criticaban a los que aún no habían comprado una.

Me daba tristeza saber que mientras eso sucedía en estos pueblos, los humildes campesinos de mi pueblo y muchos otros municipios que conocía en Santander y Boyacá, llevaban sus productos agrícolas al pueblo y escasamente lograba venderlos, o generalmente debían dejarlos “al fiao” y volver al siguiente domingo por el dinero que apenas alcanzaba para el mercado, ninguno podía derrochar dinero en cerveza o con prostitutas, mucho menos en la compra de un arma.

Hoy, los habitantes de estos dos extremos pueblos, continúan siendo completamente diferentes; mientras muchos habitantes del sur de Bolívar, se encuentran desplazados o como “victimas”, en espera que el estado los indemnice, los habitantes de Charalá, continúan trabajando sin pedirle ni un peso al estado, a pesar de nunca haberle generado un desgaste militar, ni haber producido el combustible de la guerra.

Por eso surge la pregunta ¿Cuántas víctimas que hoy reclaman una indemnización, victimizaron a la sociedad colombiana, a través del fomento de los agentes de la violencia?, ¿Cuánto desgaste estatal causaron estas personas? ¿Por qué en municipios que nunca le generaron desgaste al estado, hoy no tienen derecho a indemnización? ¿vale la pena que el estado siga gastando el dinero que no tiene, en algunas zonas donde la cultura es la violencia?.

En fin… dejo el debate abierto para sus opiniones personales.

Ahora, cabe aclarar que estoy hablando solo de algunos sectores que hoy se consideran "victimas", pero esto no significa que no existan victimas reales, personas que nunca tuvieron interes por la violencia y que precisamente por oponerse a la llegada del criminen, los cultivos ilicitos o por tratar de liderar procesos de oposicion contra la violencia, fueron victima precisamente de lo que reprochaban.

Son muchas las victimas en Colombia, victimas reales, pero como lo dije al comienzo, el principal reto es determinar cuales son aquellas personas, que quiza ni se atreveràn a acercarse a reclamar, por temor a no seguir siendo perseguidas por los violentos.

1 comentario:

Hernando Pineda dijo...

el estado y sus agentes corruptos en apartadas regiones transmutan cínicamente el estado social de derecho en una guarida antisocial y torcida. Los invito a http:corruptelasprobadas.blogspot.com